Gaceta impersonal 7

Nos quedamos en la casa, hay alerta volcánica. Ahora entendemos el polvo blanquecino sobre nuestra ropa, cara y cabello. Somos mexicanos, nos cansamos de la cotidianeidad. Jugamos a decir que se nos antoja ingenua la realidad.

            Preparo café. Prendo un cigarro y miro por la ventana. Ruido de televisión: volteo, tú enajenado en el fut. Yo, viendo por la ventana.

            Me dejo caer un tirante de la blusa, me divierte. Me quito la blusa, senos al aire. No has volteado y ya sólo tengo calcetines puestos.

            Camino—intentando lucir felina—y el gato cree que estoy jugando. Me paro enfrente de la tele. Por tu posición, mi pelvis queda a la altura de tu cara. Tu cara que tenía tus ojos que decían muchas cosas.

            La fricción de la piel contra la alfombra produce un rush. Te aprieto más con las rodillas. No te soy fiel pero siento la lealtad crecer. No te interesa saber. No soy tan interesante como el fut, más bien yo soy como interactiva.

            Terminas mientras pensaba en descongelar los filetes. Sólo tenemos cebolla y ajo, habrá que ingeniárnosla. Cocino desnuda y con mandil. Soy tu muñeca que desvistes. Soy tu Barbie a la que sí se le bajan los calzones.


m. josé. 




Gaceta impersonal 6

Tus manos bajaban lento, me delineabas. A través del encaje, sentía tus dedos. Más me gustaba saber que eran tus dedos que sentir. Tal vez por eso no quise volverte a ver. Sentirte contra mí borró toda inquietud en mí. Hizo entender a la razón que sólo buscaba la curiosidad, como gato. Lamía mis bigotes. Lamía. Tus labios rosando mis oídos para escucharte, escuchar cómo te desarmabas. Me escurría de tus piernas hasta ver tus pies. No hables ya, mejor dímelo con tu lengua despacito.


m. josé.  





Gaceta impersonal 5

contextualizadores

 

 

La píldora revitalizadora: Soma

 

 

El olor de la madera entra por mi nariz, los colores se reflejan en mis ojos. Me gustaría comérmelos. Me gustaría poder proyectarlos en imágenes, usándolos y desde mis ojos. No puedo. En cambio, siempre puedo inventar algo, siempre puedo inventar a alguien. ¿Cómo se inventa a alguien? Destruyéndolo, como todo lo demás. La misma destrucción es lo que nos lleva a la invención. Salirse de la caja.

 

(Se recomienda no salir tanto pues puede perder sentido de la realidad terrenal cajística).

(No nos hacemos responsables por daños a primeros, segundos ni terceros. El cliente lo usa bajo su propio riesgo).

(No hay devoluciones monetarias ni emocionales).  

 

 

—¿Si nos revitalizamos?—pregunta más estúpida. No supe qué contestar. Deje que el silencio sonara. Si vendieran las almas, ya me habrías pedido una de regalo. Tan terrenal y a la vez tan ajeno. Tan tranquilo y despistado: tú mundo. Tu mundo al que a veces me invitabas.

 

 

Querido psicoanalista

 

Me perseguía—me iba siguiendo desde hace dos días—y siempre era de noche (factor que se considera importante analizar). No se podía despegar de mí más de un metro… comenzaba a aullar. Movía la cola al caminar junto con los omóplatos. Me seducía—desde su mundo animal—desde su mundo salvaje. Se relamía los bigotes—y la curiosidad mató al gato—y de pronto estaba en una caja. El Gato de Schrödinger.

 

(Las sesiones se pagan por adelantado o al momento de la visita).

(No hay reembolsos si se queda dormido; se recomienda venir bien comido).

(El agua caliente del garrafón es solo para uso del psicoanalista).

 

Perdiendo los parámetros. Las líneas se difuminan y la cuestión se vuelve abstracta. Tu gato—Macorino—juega con su reflexión. El espejo. Lo ve, lo busca; se encuentra en el vacío de detrás del espejo en el que sólo existe él. Macorino me hace estornudar, dormiré en el sillón—Es sólo por la alergia—.

 

m. josé.